Parada en Sébaco


Fotografía: The sandy feet (blog)

El tiste helado, la carne en bajo, el chancho frito, la cosa de horno, las enchiladas, semilla´e jícaro, el fresco, las güirilas con cuajada, las cebollas, a peso el gajo. Naranja dulce, la sandilla, ¡a chelín la tajada!. ¿Vas a querer amorcitó?. Trenzas, delantales, sombreros y aretes, canastas, valijas de cuero y madera, costales, zurrones. Chofer gordo y negro con ayudante chaparro y trompudo. Sorbeteros y raspaderos. Camisas de manta, alforjas y sacos de bramante. Rapaduras de dulce envueltas en tuza.


El chele de la esquina, querido de la Juliana, es juez de mesta. Con anteojos oscuros y chilillo de verga´e toro, saluda al guardia del puesto que deletrea papeles para darse importancia y los archiva en un clavo en la pared de tablas. Las refresqueras espantan las moscas con un yagual y la vieja del vigorón se sopla el busto con un periódico.


El repartetelegramas le toca el culo, haciendo alardes de maromero en su bicicleta, a una sirvienta que atraviesa la calle y ésta le contesta: ¡andá tocale el mico a tu mama, cochón! Y algunos se ríen. Hay caballos en la puerta de un estanco y unos cipotes juegan a la lepra, a la yuca y al omblígate y se destiñe en la pared de taquezal un anuncio de la Mejoral, que impreso en una lata está allí desde 1954, recuerdo que lo vi a la misma hora que hoy.


Arrancó el bus espantando a las gallinas y chanchos que habían cerca y se desguindaron de las ventanas las vende cebollas, las vende pan y las vende fresco, y se fue quedando Sébaco, poquito a poco, atrás.


Luis Enrique Mejía Godoy

C. Rica, Julio, 1972