La traición


Querida Sofía:


Cuando supe la noticia de tu casamiento con Carlo Ponti, debo confesarte que te odié tanto que se me agrió la vida. Tanto sueño mojado para nada. Tanta templazón para quedarme con las ganas de regalarte un portabustos negro con encajes, que te había encargado donde la Toya Ríos, y el pintalabios que te iba a comprar en los chinamos en las próximas fiestas de noviembre.


Sofía mi amorcito lindo, sos una ingrata. Total que sos igualita a las mujeres de la vida fácil que representaste en tus películas. Y yo, creyendo que era pura actuación. Pero si querés que te diga la verdad, me gustás así. Ahora tendré que conformarme con vigiar a la mujer del mecánico, que se parece tanto a vos. Me la imagino quitándose despacito las ligas y las medias negras, como vos hacías en tus películas. Claro, sin esos ojazos tuyos, esa cinturita de avispa, esos pechos descomunales y esa boca de zapote que aún guardo nítida en un rinconcito de la memoria, donde tengo mis secretos de infancia feliz, y los saco a orear cuando me agarra la cavanga.